lunes, 3 de junio de 2013

tango



Mi Buenos Aires querido, no creo que exista un escritor que no te extrañe. Borges te extrañó, Cortázar también lo hizo y tal vez yo nunca llegue a ser como ellos dos pero también te extraño. Caminar por Santa Fe, Corrientes y Florida respirando lluvia, respirando café cortado, colectivos apresurados y gente  extraordinaria. 

Eres un tatuaje que se lleva bajo la piel, que se siente pero no se ve. Mi vida dejó de ser mía cuando bailé tango por primera vez, cuando entendí esas canciones de Gardel y Sosa, cuando esa nostalgia y melancolía del alcohol, amor y  ciudad me llenaron el alma. Tarde o temprano tendré que volver a ti mi querido Buenos Aires, a llevarte mis historias y escribir otras nuevas, a bailar el tango que me corre por las venas, a sentarme con un mate en cualquier parque que vea y ver el deleite de tu existencia.

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