jueves, 16 de mayo de 2013

El día a día


Durante años he tratado de ser yo y ser feliz, sin embargo nunca logro que ambas coexistan. Cuando soy yo, el mundo es un reto, y cuando soy feliz me pierdo. 

Cuando yo soy yo las cosas son serias, la vida es seria, solo tenemos una oportunidad de vivir y es esta y ahora, mi dignidad, mis valores y mi cerebro son la cúspide de mi persona, las emociones las dejo fluir cuando es necesario y a la razón cuando el corazón no da más. El decoro, y mi forma de expresarse son poco comunes para mi edad pero es mi pasado lo que me ha hecho quien soy, una persona firme, exigente y por la corta edad un tanto imprudente, sin embargo todo esto me lleva a un lugar donde la felicidad no existe, donde las personas ven la honestidad como mala amiga y la búsqueda de algo mejor como pesimismo, es ahora cuando entiendo a Octavio Paz que habría de decir que se confunde a los realistas con personas negativas, porque eso soy yo, un ente de la tierra que al ser quien es la soledad se convierte en la mejor amiga y las palabras una salida hacia el mundo.

Entonces llega la felicidad, la mejor sensación del mundo para el cerebro, el cuerpo y el espíritu, pero qué es la felicidad si no es más que un engaño, no digo que la felicidad realmente sea un engaño pero mi felicidad se ha convertido en uno, porque cuando soy feliz es porque me convierto en una oveja más que posa para las cámaras, que ríe de chistes que no tienen gracia y que se deja perder por la trivialidad de la juventud. Y qué decir del amor, el amor es punto, no hay más, pero cuando se vive una vida que es tuya pero es ajena uno se enamora de un espécimen que forma parte del enredo donde la línea de la felicidad y el ser yo queda justo en los pies, y es así como me pierdo entre la realidad de lo que soy y lo que implica la felicidad.


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